Lost

Por: Andrés Jaramillo C.
@andresgaj

DOCUMENTO DESCLASIFICADO
(Originalmente escrito en agosto del 2016. No queríamos ser objeto de bullying, pero descubrimos que ha muchos otros padres les ha ocurrido)

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Corrí de un pasillo a otro desesperado. Más asustado que desesperado por momentos. No estaba. Ni en el corredor del supermercado donde ofertaban la ropa de niño, ni en el área dónde se mostraba los electrodomésticos.

El Mateo había desaparecido. No me explicaba cómo. Apenas minutos antes estaba ahí, junto a la caja registradora, esperando con sus papás, abuelita y tíos, que la fila de compradores merme para poder ir al hotel y descansar.

De pronto, en otro instante, se esfumó. !El Mateo¡, grité. No fue necesario que me contesten. Comenzamos a buscar, angustiados, sin un plan fijo. En el corredor de los juguetes, donde están los víveres, entre los los pasillo de ropa. ¡Nada!. Ni siquiera en el área de las motocicletas, de la que se enamoró, atraído  por el recuerdo de los paseos con su abuelo.

Se me agotaba el alma. Habían pasado minutos desde que el Mateo había desaparecido. Los suficientes como para culpar a todos: a mí y a la decisión de viajar de paseo a Colombia, a las horas que demoramos comprando, a no escuchar al hijo cuando ya quería regresar al hotel para reposar y comer un bocadillo.

Entonces, de repente, como una luz, lo vi. Ya estaba en los brazos de la mamá. Sonriendo, como siempre. Corrí para abrazarlo, ya no quería soltarlo. Él se incomodó. Nunca le ha gustado la gente melosa. ¿Dónde te metiste?, le dije, como si en verdad él fuera el que tuviera que dar las explicaciones. La mamá lo halló. Mientras yo corría desesperado, ella siguió la recomendación de otro comprador del supermercado.

Fue a la entrada principal, en busca de los guardias, para decirles que no permitan que un niño, de buzo gris, pantalón azul y cachetes regordetes salga del sitio, aunque esté acompañado de un adulto. Con las cámaras de seguridad iba a ser más fácil ubicarlo, si seguía en alguno de los corredores.

Cuando la mamá llegó al puesto de vigilancia los guardias la miraron y enseguida intuyeron que no estaba buscando un producto más de la percha. “Ya apareció la mamá”, dijo uno de los celadores en su radio portátil de comunicación. El Mateo no se había perdido. Eran los padres los desaparecidos.

Había caminado hasta el área de las motocicletas. Ahí lo encontró una de las vendedoras y lo entrego al equipo de seguridad. Cosas de protocolo… Le preguntaron su nombre. Él respondió: ‘Mateyo’. Estaban a punto de llamar a los padres del niño ‘Mateyo’ por los alto parlantes. Pero ya no fue necesario. Aparecieron y recuperaron el alma.

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