La primera noche de Mateo Joan en casa

Por: Andrés Jaramillo
@andresgaj

“Duerman lo que puedan. Cuando nazca el bebé, ya no tendrán una noche completa”. Cada vez que repetían la frase, ya sea nuestros amigos o familiares, solo atinábamos a responder con uno de esos Sí, que esconden más dudas que certezas. No sabíamos lo que realmente significaba. Hasta que de repente, un 13 de enero del 2015, la frase encarnó.

Era la primera noche con mi Mateo Joan en casa. La cuna estaba lista; tendida y cerca de la cama de los papás. Esa noche estrenó pijama de lana; la armadura contra el frío quiteño. Y la cobija de algodón sirvió para envolverlo ¡Todo a pedir de boca¡ Lo arrullamos despacio, con ese miedo que uno siente de que se rompan al primer movimiento brusco, hasta que poco a poco fue cerrando los ojos.

El ambiente en la habitación del tercer piso no pudo el más propicio para un sueño confortable. (Al menos eso creíamos ingenuamente) Música para relajar bebés recién descargada de la Internet a la radio portátil y una pequeña lámpara con luz tenue para que no se asuste… si llegara a despertarse.

Una luz baja puede ayudar para que el bebé no se asuste por la noche, cuando se despierte.

Una luz baja puede ayudar para que el bebé no se asuste por la noche, cuando se despierte.

Nos habían dicho también que el llanto de los bebés ahuyenta a los espíritus malvados. Y estoy seguro que no solo fueron corridos los de la casa, sino también los de los vecinos de la manzana 12 de la urbanización Paraísos del Sur, en Quitumbe.

Mi hijo demostró, a solo dos días de nacido, que tiene dotes de tenor y que pronto podrá ir al Conservatorio de Música. Se despertó cada dos horas, luego cada media hora, después cada quince minutos. Al final ya ni la hora importaba. El cielo se hizo claro.

“Duerman lo que puedan. Cuando nazca el bebé, ya no tendrán una noche completa”. No se cansaron de repetirnos la frase. Unos con más picardía y malicia que otros. La mayoría ya había pasado más de una vez por esa experiencia con sus hijos y nunca pudieron olvidarla. Pero no solo por el obvio cansancio físico, las ojeras de búho y esa resaca seca que deja a los papás en modo Walking Dead.

Sino por esa magia que envuelve la primera noche juntos. Es más que ocho horas de desvelo. Ese vínculo, que se traduce en preocupación, miedo, desesperación, urgencia… nos une a los hijos; nos sensibiliza, nos hace amarlos más. Nos permite entender lo que significan realmente. Nuestra vida, nuestra carne y la responsabilidad más grande y dignificante que pueda asumir una persona.

Su salud, crecimiento, bienestar, sueño son más importantes que cualquier otra cosa. Más que una, dos, tres, cinco, veinte o mil noches de resaca seca. Finalmente, cuando los vemos recostados en su cuna, con su armadura contra el frío, regalándonos una sonrisa dormidos…. todo pasa.

PD: El secreto para que duerman en la noche es tenerlos activos en el día. Juegos, ejercicios de estimulación y no privarlos de su derecho a llorar un tiempito, antes de atenderlos. Eso se olvidaron de decirme, pero gracias a Dios existe la Internet. Aquí un video que puede ser de interés.

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